Cómo educar financieramente a tus hijos

Olga Garrido

El año 2008 quedó marcado en nuestra historia reciente como el del inicio de una crisis que impactó de manera global en un mundo fuertemente conectado. Habíamos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades y estaba claro que los años de bonanza económica habían acabado. Una crisis de este tipo era, quizá, la oportunidad de que revisáramos nuestra experiencia y adoptáramos una postura más responsable en relación a nuestra forma de consumir.

Según la cultura popular, “el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Si generalizamos esta expresión al tema de la economía y la forma que tenemos de manejar nuestras finanzas, parece que las personas nos  empeñamos en cometer los mismos errores una y otra vez.

Según las estadísticas, es que lejos de haber aprendido nuestras lecciones el nivel de endeudamiento de las familias sigue siendo mucho más alto de lo deseable, demostrando que todavía queda mucho camino por recorrer en lo que respecta a la planificación de los gastos y ahorros.

Según datos del 2018 del Instituto Nacional de Estadística (INE), los españoles apenan ahorran un 4,9% de los ingresos obtenidos, o lo que es lo mismo, de cada 10 € que ingresan, apenas 50 céntimos permanecerán en el hogar. Esto es para los que ahorran, que parece ser que no todo el mundo lo hace, ya que según otro estudio reciente de la consultora McKinsey Global Institute, un 32% de la población ni siquiera consigue “guardar para luego”.

Según un estudio del portal de ahorro COINC tan sólo un 5% de los jóvenes ahorran. Este dato ha llamado la atención incluso del Fondo Monetario Internacional. Este organismo ya alertó hace más de un año de que la generación millennial iba a ser la primera en notar el impacto del envejecimiento de la población sobre sus pensiones y recomendó a los jóvenes que comenzasen a ahorrar cuanto antes. El tiempo es un factor fundamental.

Frente a este panorama, ¿qué ocurre entonces cuando tiene lugar una contingencia como la que la actual pandemia está provocando? Pues que nos encontramos desprotegidos y en muchas ocasiones obligados a hacer frente a grandes dificultades económicas.

¿Por qué no ahorramos?

Las razonas son variadas y a nivel general me gustaría destacar las siguientes:

  • El optimismo y la ilusión de bonanza económica.

Consumismo y optimismo parecen ser muy buenos amigos. La acción de gastar viene acompañada de una carga emocional importante ya que hacerlo nos puede dar una sensación de libertad y de poder más allá de la conveniencia de manejar nuestro dinero desde posición racional y alineada con nuestra realidad financiera.

La ilusión de bonanza económica o como yo lo llamaría “síndrome de las vacas gordas”, nos hace vivir en un continuo bloque consumista que nos distrae de nuestro foco, dificultando un comportamiento conservador o incluso, lo que es peor, llevándonos por el camino del endeudamiento.

El autocontrol y la disciplina son, sin embargo, grandes aliados de una situación financiera saneada.

  • La visión a corto plazo.

En ocasiones nos vemos a nosotros mismos “demasiado jóvenes” para pensar en la jubilación o nos sentimos tan centrados en nuestro día a día que no nos paramos a planificar nuestros próximos años.

Las personas, en general estamos programadas para buscar la gratificación inmediata, el carpe diem, lo cual es un comportamiento completamente opuesto al hábito de ahorrar. La realidad nos puede llegar de golpe cuando tenemos un imprevisto, no acabamos de lograr la solvencia necesaria para realizar una gran inversión (como puede ser para comprar nuestra propia vivienda) o vemos la fecha de jubilación próxima y sin ahorros a la vista para poder asegurarnos un retiro soñado frente a un sistema de pensiones no exento de riesgos.

  • ¿Demasiado protegidos para ahorrar?

Entre las razones o excusas que damos a menudo para justificar nuestra baja capacidad de ahorro está la de no ganar la suficiente para poder ahorrar. Esto puede ser cierto en muchos casos, sin embargo, resulta especialmente llamativo que, en otras culturas, tales como la china, pese a tener una renta per cápita mucho más baja que la de la zona euro, su capacidad de ahorro es mucho mayor.

Quizá, la razón principal es que, en estos países en los que el estado del bienestar no está tan desarrollado como en la vieja Europa, el ahorro no es tanto una opción, sino que se convierte en una obligación.

Mientras nosotros en la mayor parte de occidente, convivimos con una sensación de “protección” y seguimos confiando en que “papá estado” estará ahí para nosotros cuando lo necesitemos, en otras culturas como las ya mencionadas están más acostumbrados a ser independientes y prepararse para cubrir sus necesidades individuales en materia de educación, pensiones o sanidad.

Depender de nuestros propios fondos nos hace más conscientes e incentiva una manera más responsable de consumir.

  • La falta de educación financiera.

La educación financiera es, sin duda alguna, una asignatura pendiente para nuestra sociedad. Siempre me ha sorprendido que no haya una asignatura de gestión monetaria en el colegio. En ocasiones, incluso parece ser un tema tabú, algo de lo que no se habla, un tema a evitar dentro del código de la “buena educación”. Otras veces, percibimos el mundo financiero como algo demasiado complicado o aburrido, un tema en el que no merece la pena profundizar ya que nunca llegaremos a comprenderlo del todo.

En ocasiones, hasta nos parece que la situación económica de una persona viene determinada por la suerte. La cultura del “pelotazo” nos puede dar también la impresión de que nuestra situación es cuestión, en gran medida, de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado y que una visión de negocio no es nada si no encontramos el tiempo propicio para llevarla a cabo.

¿Tanto confiamos en la suerte cuando se trata de nuestras finanzas personales?

Según datos del Instituto nacional de Estadística de España, en 2016, el gasto medio de libros de texto por persona fue de 24,2 €. ¿Sabéis cuál fue el gasto en juegos de azar? Pues más del doble, exactamente 60,6 € por persona.

Aunque las posibilidades de ganar la lotería son ínfimas, es cierto que hacerlo puede realmente hacernos ricos, pero, ¿de qué nos servirá contar con una gran suma de dinero si no sabemos gestionarla?

¿Cuándo empezamos a educarnos financieramente?

Parece que hasta que no ganamos dinero no necesitamos educarnos en temas económicos, pero la realidad es que, empezamos a educarnos financieramente desde siempre. El dinero forma parte de nuestras vidas prácticamente desde que nacemos y aunque al principio no seamos muy conscientes de lo que supone, todos empezamos a construir nuestras creencias en base a lo que escuchamos a nuestro alrededor. Este proceso  forma parte de lo que se conoce como “socialización financiera”.

¿Quién no ha escuchado decir frases como: “el dinero corrompe”, “el dinero sólo trae desgracias” o “yo no soy un banco”?

Este tipo de afirmaciones tendrán tendencia a condicionarnos hacia una posición de rechazo o evitación y cuanto menos nos hayamos o “hayan” educado al respecto, más expuesto estaremos a basar nuestros comportamientos en creencias erróneas. Por lo tanto, yo diría que no hay una edad mínima para empezar.

Es clave que los niños y los jóvenes de hoy sean conscientes de que los hábitos financieros del presente afectarán a su vida en el futuro.

La educación financiera dirigida a los más pequeños debería ser materia obligatoria en la escuela. Desafortunadamente todavía no lo es, así que… ¿De qué manera podemos nosotros incentivar el interés de los niños en la economía?

Me gustaría destacar las siguientes propuestas:

  • Incluir el dinero en las conversaciones.

Introducir conceptos de manera simple y sencilla, adecuados a la etapa del desarrollo en la que se encuentren. Es importante que los niños comprendan los diferentes conceptos alrededor de la economía. Por ejemplo, la relación entre tiempo y dinero o planteado preguntas con las que generar curiosidad: ¿Por qué tenemos que pagar por determinadas cosas? ¿Cómo conseguimos el dinero? ¿Cuántas horas de trabajo invertimos en comprar un determinado producto? ¿Qué determina el coste de las cosas que encontramos a nuestra alrededor?

Utilizar juegos o cuentos puede ser un excelente recurso que ayude a elaborar un mensaje adaptado a su edad.

  • Animarlos a emprender, alimentar su autonomía y confianza.

La gestión económica es a la vez gestión emocional y adquisición de habilidades. Es importante que desarrollen una buena autoestima y autocontrol.

Un reciente estudio de la Universidad de Arizona, insiste en la importancia de dar a los niños experiencia de primera mano en la gestión del dinero. Sus conclusiones están incluidas en el trabajo: “La práctica hace la perfección: Aprendizaje experiencial como un método de socialización financiera”, publicado en 2018 en el Journal of Family Issues (Diario de asuntos de familia) y realizado por la estudiante de doctorado Ashley LeBaron.

Hay acciones que se pueden poner en marcha independientemente de la situación económica de la familia, en este estudio se citan algunas como: darles regularmente una paga, premiarles cuando han realizado un logro excepcional o animarles a ahorrar para hacer alguna compra especial o realizar alguna donación.

Este tipo de istablecer límites claros en relación a lo que reciben y mantener el equilibrio para que su motivación no provenga solo de fuentes externas es también necesario para el progreso de su disciplina y autorresponsabilidad.

Proponerles pequeños retos de ahorro o animarlos a emprender, a pequeña escala y dentro de sus posibilidades, puede ser divertido y una buena oportunidad también para potenciar su iniciativa.

  • Involucrarles en la economía familiar.

¿Cómo hacer para que los niños sean conscientes de sus gastos y del coste de la vida?

En mi opinión esto depende mucho de lo accesibles que sean para ellos dentro del núcleo familiar las conversaciones sobre el dinero. Para ello podemos contar con ellos en actividades cotidianas, como la visita al banco o al supermercado.

Ir con ellos a hacer la compra, revisando juntos la lista de productos, haciéndoles partícipes del presupuesto con el que contamos y la relación de este con los ingresos de la familia, etc… son actividades a nuestro alcance y relativamente sencillas de poner en práctica en nuestro día a día.

  • Utilizar el ejemplo de sus adultos de referencia.

Nosotros, los adultos, somos los ejemplos para los niños de nuestro alrededor. El tipo de relación que nosotros mismos tengamos respecto al dinero y como mantenemos al día nuestra formación será clave en el desarrollo de sus creencias y su comportamiento financiero.

Por otro lado, como repito a lo largo de este artículo, educación financiera y emociones van de la mano. Educar a los niños en la buena gestión emocional haciéndoles conscientes de la manera en que esta influye en su manera de actuar, será clave tanto para el desarrollo de su autoestima como para unos buenos hábitos financieros.

Un consumo responsable está también relacionado con la manera que tenemos de ganar el dinero. Es importante que su aprendizaje vaya de la mano de valores éticos y sociales tales como la solidaridad y la empatía. Es importante incentivar la consciencia sobre la desigualdad en el reparto de la riqueza y que el dinero también puede utilizarse para el bien común.

En definitiva el dinero es una herramienta que nos acompañará toda la vida y que puede llevarnos a muchos lugares, saber utilizarla puede ser la clave para una vida más feliz y plena.

¿Y tú qué opinas?

¿De qué otras maneras podemos impulsar la cultura una buena cultura financiera en nuestra sociedad?

Recomendado para tí

Esta página web utiliza cookies para que tenga una mejor experiencia como usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies y la instalación de las mismas. Para más información visite la siguiente página: www.allaboutcookies.org/es/ ............................................ This website uses cookies to provide you with a better user experience. If you continue to browse you are consenting to the acceptance of our cookie policy and the installation of cookies. For more information please visit the following page: www.allaboutcookies.org/es/ OK

¡Esta vez sí! Diario para transformar tu vida en 66 días.

¿Tienes un sueño por cumplir? ¿Un proyecto que quieres emprender y que nunca encuentras el momento de poner en marcha? ¿Quieres darle un empujón a ese objetivo que no acaba de avanzar?

Este libro-diario te ayudará a dar ese primer paso para que esta vez sí, hagas de tu proyecto personal una realidad.