A la hora de afrontar cualquier cambio o quizá especialmente en el mundo del emprendimiento, el miedo al fracaso es uno de los más paralizantes. Puede que estés arriesgando tu patrimonio o tu reputación laboral y que la idea te haga sentir cierto vértigo. No vamos a negar que el fracaso es una posibilidad, según las estadísticas, solo una de cada cuatro empresas sobrevive al primer año de vida. Así que, sin ánimo de caer en el pesimismo, si estás pensando en emprender lo más probable es que tengas que contemplar el éxito como el resultado menos probable. No obstante, este artículo es para animarte a hacerlo, a dar el paso, de todas maneras, si no lo intentas, nunca sabrás hasta donde puedes llegar. La idea tampoco es que no tengas miedo, sino que lo aceptes como natural y que sepas como gestionarlo. Aquí van siete formas de ayudarte a conseguirlo:

  • 1. Cuestiónate tus creencias alrededor del concepto de fracaso.

Pregúntate a ti mismo y respóndete con total honestidad: ¿qué es lo que temes concretamente? ¿qué es lo que piensas que puedes perder? ¿qué es lo peor que te puede pasar? ¿cuál ha sido tu peor fracaso hasta la fecha?…

Lo recuerdas, ¿verdad? Recuerda entonces que lo hiciste, que sobreviviste y que ahora estás aquí trabajando en ti y afrontando un nuevo cambio con valentía y decisión. Quizá no fue para tanto tal y como lo imaginabas al principio, seguramente no fue tan catastrófico como pensaste al principio, pero seguro que te aportó experiencia y más sabiduría.

En psicología, no nos gusta hablar de fracasos o de resultados negativos, sino de situaciones no esperadas. Nunca se sabe si un fracaso puede esconder una oportunidad detrás. Ya sabes lo que dicen que cuando una puerta se cierra se abre una ventana y si hacemos caso a los Rollings Stones: “you can’t always get what you want, you get what you need…” (traducción del inglés: no siempre puedes tener lo que quieres, pero tendrás lo que necesitas…).

  • 2. Ten confianza en tu proyecto, pero sobre todo cree en ti.

En este caso tenemos que recordar el concepto de profecía auto-cumplida, que trata de hacer predicciones sobre el futuro basadas en nuestras creencias, de tal manera que luego vamos tomando decisiones y actuando de modo que esta predicción se haga realidad, para bien o para mal. Esta manera de actuar se resume de manera genial en la cita de Henri Ford: “tanto si piensas que puedes hacerlo como si no, estarás en lo cierto”.

En definitiva, cree en ti, mantén la conexión al presente y se optimista en cuanto a tu proyecto. Sigue tu intuición y sobre todo no te tomes todo de manera personal, en el peor de los casos, tú no eres tú “fracaso”, en ocasiones hay circunstancias que escapan de nuestro control y que pueden hacer que los resultados que obtenemos no sean lo satisfactorios que deseábamos. Acéptalo y persiste.

  • 3. Empieza por algo pequeño, planifica ganancias rápidas.

La ley de la inercia dice que un objeto en movimiento se mantendrá en movimiento, así que gran parte del esfuerzo será en ponerte en marcha, luego todo se vuelve más fácil.

Mantén alta la dopamina. La dopamina es una de las hormonas neurotransmisoras que componen el cuarteto de la felicidad, ya que influye en la sensación de placer. Esta sustancia se libera cuando recibimos una recompensa lo que ayuda a su vez a mantenernos motivados. Así que, ve planificando tareas sencillas y de plazos cortos que faciliten éxitos rápidos (“quick wins” en inglés). Haz tuya la máxima de emprender rápido y fracasar barato. No hablo solo de dinero, ten en cuenta también el tiempo que dedicas a tu proyecto, no dejes de disfrutar de la experiencia y ve planificando premios en el proceso.

  • 4. Normaliza el error.

Pese a que, en muchas ocasiones, el mundo no es perfecto, los humanos no son perfectos, esperamos que el resultado sea perfecto. Esto, además de aburrido es poco realista y el camino más seguro a la frustración. Y no, no estoy diciendo que ser perfeccionista sea malo, al contrario, creo que, en su justa medida, la ambición de mejora continua es sana y necesaria. Simplemente no dejes que el perfeccionismo te retrase o incluso llegue a bloquearte.

En este caso, una técnica es cuantificar el error, es decir, si 100% es tu situación ideal, prevé un 10, un 20 o un 30% de error. O al revés, prevé un 90, un 80 o un 70% de éxito. Por ejemplo, imagina que tienes que acabar un trabajo en una semana, date un día o dos de margen. O si tienes calculado un presupuesto para tus vacaciones y te lo puedes permitir, calcula un 10% para aquellos imprevistos que puedan surgir. Cuantificar te ayudará a racionalizar y a no dejarte llevar por el pánico ante cualquier adversidad.

  • 5. Busca apoyos y ejemplos.

Siempre puedes aprender de la experiencia ajena, eso te hará ganar tiempo, así que lee libros, pero sobre todo relaciónate, amplía tu red de apoyo. Busca un mentor, alguien que ya haya tenido éxito o, por qué no, que haya fracasado en el intento antes que tú y pueda aportarte aprendizajes. Y delega todo lo que puedas, ¿por qué crees que las empresas invierten millones de euros en contar con los mejores profesionales y asesores? Pues porque nadie puede hacerlo todo solo. Que sí, que hacerlo tu todo te hará sentir que tienes el control de la situación, pero eso simplemente será una ilusión y multiplicará tus posibilidades de fallar por tu falta de experiencia o porque estarás más distraído, ya que tendrás que ocuparte de más temas a la vez. Céntrate en lo que sabes hacer bien y dirige tus recursos a ello (principalmente tu tiempo que es limitado).

  • 6. Revisa tus historias de éxito.

Reflexiona en tus experiencias pasadas, sobre todo en aquellas que representen los logros de los que atesoras más orgullo y pregúntate: ¿qué competencias pusiste en marcha? ¿qué aspectos de ti marcaron la diferencia? ¿de qué manera esto que hiciste ayudó a otros? ¿qué hiciste que pensaste en un principio que no serías capaz? ¿qué miedo superaste?

Piensa en ello cuando te asalten las dudas.

  • 7. Céntrate en los aprendizajes.

Desde que nacemos, gran parte de las lecciones que aprendemos son por ensayo-error. Los errores son claves en nuestro proceso de aprendizaje. ¿Qué tal si llevas un diario? Un diario puede servirte de compañero de viaje y te dará la oportunidad de anotar tus oportunidades de mejora y tus aprendizajes. Te permitirá reflexionar y dará orden a tus ideas. Por otro lado, si no llegas a conseguir lo que habías previsto en un principio, quizá aún tengas una buena historia que contar (o incluso algo que enseñar a los que vengan detrás), ¿qué te parece?

Espero que este post te haya servido y te aporte herramientas útiles para conocerte y gestionar mejor tu lenguaje interno y tus emociones.

Para finalizar me gustaría que compartiera conmigo tus pensamientos, por te lanzo una pregunta, incluida en el famoso libro “Quien se ha llevado mi queso” de Spencer Johnson:

Y tú, ¿qué harías si no tuvieras miedo?

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